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‘La Clave’: La historia del clásico de culto de la fusión latina

El álbum homónimo de esta banda quedó en gran parte olvidado cuando fue lanzado. Hoy en día es un célebre clásico de culto.

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La Clave
Portada: Cortesía de Verve Records

Por cada banda que triunfa, miles más se quedan en el camino. Una de las que resistió ese destino fue La Clave, un grupo de soul y fusión latina que lanzó un solitario álbum homónimo en Verve Records en 1973 antes de desaparecer sin dejar rastro. Pero a diferencia de muchas maravillas pasajeras, La Clave tuvo suerte porque muchos años después una generación nueva y muy diferente de oyentes – muchos de ellos provenientes del mundo del hip-hop – resucitaron el disco y lo defendieron por sus “ritmos raros”.

La Clave era una banda formada y dirigida por Benny Velarde, un percusionista muy solicitado que apareció en muchos discos de jazz latino de la época, incluidos los de Mongo Santamaría y Vince Guaraldi. Nacido como Bayardo Velarde en la ciudad de Panamá en 1929, se mudó a San Francisco con su familia cuando tenía dieciséis años y comenzó a tocar la percusión. Después de liderar una banda del “Bay Area” de San Francisco/Oakland llamada Mambo Devils, su carrera dio un salto en 1954 cuando Velarde se unió a la banda del vibrafonista de la costa oeste Cal Tjader, con quien grabó varios álbumes, incluido el clásico Latin Kick de 1958 (fue Tjader quien primero apodó al percusionista “Benny”, supuestamente porque encontraba “Bayardo” demasiado difícil de pronunciar).

Una noche de 1973, Velarde estaba tocando en la banda del maestro del teclado de jazz-funk boliviano-estadounidense César Ascarrunz, a quien se le acercó John DeMarco, un entusiasta ejecutivo musical que estava involucrado en la producción discográfica y la gestión de artistas. “(Él) vino y quería usar la banda de César para grabar”, recordó Velarde en 2011. “Pero César no quería hacerlo. Entonces el tipo habló conmigo y me contó sobre ello. Me preguntó si quería hacerlo y le dije: ‘Sí claro, ¿Por qué no?’ Así que utilicé a algunos de los chicos que tocaban conmigo en la banda de César e hicimos esta grabación”.

DeMarco y su socio Marshall Leib supervisaron el proyecto como productores ejecutivos, contratando a Tony Bruno, un ex cantante neoyorkino de música MOR (“Middle Of The Road”) al estilo Tony Bennett, para producir la sesión de grabación, que eventualmente terminaría en Verve Records. Aunque sabemos que Velarde utilizó miembros de la banda de César Ascarrunz para formar La Clave, sus nombres no figuraban en los créditos cuando se lanzó el álbum debut homónimo del grupo. Sin embargo, conocemos algunas de sus nacionalidades, gracias a las notas originales de Richard Oliver, que nos dicen que llegaron al “Bay Area” a través de México, Panamá, Cuba y Puerto Rico.

No hay información sobre dónde y cuándo tuvo lugar la sesión de grabación, pero lo que sí está claro es que Velarde y sus compañeros estuvieron acompañados en el estudio por Lalo Schifrin, un pianista de jazz y compositor de cine argentino que por aquel entonces estaba en la cresta de la ola por el éxito de su banda sonora para la película de Clint Eastwood Harry El Sucio.

Si bien el cameo de Schifrin puede resultar sorprendente, dado que La Clave era un grupo desconocido, su participación en el proyecto probablemente se debió a que había trabajado antes con DeMarco. El productor había supervisado una sesión de grabación de Verve para Schifrin en 1972, co-produciendo un sencillo llamado “Latin Soul”, cuyo arreglista y co-guionista era John D’Andrea, a quien DeMarco también reclutó para la sesión de La Clave.

Según las notas de Oliver, Schifrin se unió a la sesión cuando “pasó por” el estudio. “Tenía prisa porque tenía otras cosas que hacer”, explicó el pianista a Wax Poetics en 2001. “Me presenté, me pusieron la música delante, hice lo mío y listo. Fue muy sencillo”.

También aportó dos temas para que La Clave los tocara, un ritmo impulsado por percusión de alto octanaje llamado “Latin Slide” y el número que cierra el álbum, “Cocoa Leaf”, una improvisación marcada por un piano maníaco. Sus dos temas encajaron a la perfección con la estética de fusión latina del grupo, cargada de vientos y órganos, combinando elementos de soul, rock, salsa, jazz y blaxploitation funk en un sonido ecléctico y difícil de encasillar.

La Clave abrió de manera impresionante con una elegante versión del éxito de R&B de 1963 de los Jaynetts, “Sally Go Round The Roses”, que sonaba un poco como Sergio Mendes & Brasil 66 con el respaldo de Booker T & The MGs. La canción fue una de varias del álbum con vocalistas no acreditados que cantaron armonías luminosas y súper suaves. Entre los temas destacados del álbum se encontraba una ingeniosa interpretación de jazz latino del éxito de R&B estadounidense de 1970 del artista de soul Donny Hathaway, “The Ghetto”, una emocionante renovación del clásico afrocubano “Soul Sauce”, del maestro del bebop Dizzy Gillespie y una hipnótica versión de “Move Your Hand”, del organista de soul-jazz Lonnie Smith. El álbum resultó ser una unión progresiva de la música latina con el funk, el soul y el rock. La única excepción estilística es “Baila Mi Guaguancó”, compuesta por Velarde, un tema de salsa tradicional que el percusionista estrenó en su álbum debut en solitario de 1962, Ay Que Rico.

La Clave se publicó sin fanfarrias. Velarde atribuyó el fracaso comercial del álbum a la mala promoción, alegando que el cameo de Schifrin debía ser un factor crítico en la campaña publicitaria del álbum, pero un desacuerdo entre el pianista y la compañía discográfica lo impidió. “El disco murió… nada más salio a la venta debido a una disputa con Lalo”, dijo en 2007. Schifrin recordaba los acontecimientos de otra manera. “Estaba en medio de otros proyectos”, le dijo a Wax Poetics. “Estaba trabajando en una película, así que no tuve mucho tiempo para quedarme en la sesión (de La Clave) o pasar el rato con los músicos”.

Fuera cual fuese el motivo, La Clave se hundió en la oscuridad. Pero el destino del álbum cambió para mejor a principios de los 90, cuando “Latin Slide” fue sampleado y reciclado por varios artistas, incluido el músico británico de drum and bass Goldie, que se inspiró en él para crear “Still Life”, un tema que apareció en su álbum Timeless, que alcanzó el Top 10 en el Reino Unido. Esa atención dio una nueva vida a La Clave. Hoy es una joya oculta cuyas cualidades únicas se aprecian por fin en su justa medida.

Pida ya el clásico de culto de fusión latina La Clave.

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